8 de enero de 2012

La educación y la cultura según Rodó

Cuando cierto falsísimo y vulgarizado concepto de la educación, que la imagina subordinada exclusivamente al fin utilitario, se empeña en mutilar, por medio de ese utilitarismo y de una especialización prematura, la integridad natural de los espíritus, y anhela proscribir de la enseñanza todo elemento desinteresado e ideal, no repara suficientemente en el peligro de preparar para el porvenir espíritus estrechos, que, incapaces de considerar más que el único aspecto de la realidad con que estén inmediatamente en contacto, vivirán separados por helados desiertos de los espíritus que, dentro de la misma sociedad, se hayan adherido a otras manifestaciones de la vida.

Lo necesario de la consagración particular de cada uno de nosotros a una actividad determinada, a un solo modo de cultura, no excluye, ciertamente, la tendencia a realizar, por la íntima armonía del espíritu, el destino común de los seres racionales. Esa actividad, esa cultura, serán solo la nota fundamental de la armonía. —El verso célebre en que el esclavo de la escena antigua afirmó que, pues era hombre, no le era ajeno nada de lo humano, forma parte de los gritos, que por su sentido inagotable, resonarán eternamente en la conciencia de la humanidad. Nuestra capacidad de comprender, solo debe tener por límite la imposibilidad de comprender a los espíritus estrechos. Ser incapaz de ver de la Naturaleza más que una faz; de las ideas e intereses humanos más que uno solo, equivale a vivir envuelto en una sombra de sueño horadada por un solo rayo de luz. La intolerancia, el exclusivismo, que cuando nacen de la tiránica absorción de un alto entusiasmo, del desborde de un desinteresado propósito ideal, pueden merecer justificación, y aún simpatía, se convierten en la más abominable de las inferioridades cuando, en el círculo de la vida vulgar, manifiestan la limitación de un cerebro incapacitado para reflejar más que una parcial apariencia de las cosas.

José Enrique Rodó

Hoy 8 de enero de 2012, de estar en el aire, conmemoraríamos el sexto año del programa dOMINIO PúBLICO. Pero no lo estamos, por decisión pura y exclusivamente nuestra. Creímos que la mejor manera de agradecerles sus saludos, o simplemente el hecho de estar ahí siendo parte de nuestra red de amigos, sería -en lugar de hacer retrospectivas o engarzar palabras alusivas al pasado- regalarles este fragmento de la obra "Ariel", que una de las mentes más insignes de nuestro país, escribió para el futuro hace más de cien años.

11 de diciembre de 2011

EDITORIAL ÚLTIMO PROGRAMA

La de hoy es la última emisión de Dominio Público en La Voz De Melo. Suspender este programa obedece a una decisión de su conductor y productor. No es una decisión tomada por obligación ni es fruto de un impulso emocional. Ha sido meditada, sopesada e incluso dilatada. No sucede como consecuencia de un hecho concreto, sino de una sucesión en la cual algunas cosas han pesado más y otras menos.

Lo bueno de esto es que no nos vamos dando un portazo, sino con la calma que nos permite dejarles a ustedes una reflexión. ¿O es acaso la reflexión la que nos permite la calma?

Dentro de un mes se cumplirán seis años desde aquella tarde en la que empezamos a llenar este espacio con noticias, con entrevistas, con opiniones, con in-formaciones, con historias, con denuncias, con voces tan variadas como las formas que hay de vivir, de pensar y de experimentar la realidad -las cuales dan origen a las ideas.

Sinceramente, nunca tuvimos grandes expectativas respecto de lo que era posible lograr con un espacio radial, lo cual no significa decir que no tuviéramos aspiraciones. Nunca nos erigimos como paladines de la justicia, semidioses detrás de un púlpito, dueños de la verdad, maestros de la ética o artistas de un oficio superior.

Pero la comunicación… ¡Qué milagrosa la comunicación! En ese lenguaje que está más allá de lo dicho, se fue dando una retroalimentación con un público que nos situó en un lugar donde nos vimos –en varias situaciones- comprometidos.

Pero también nos vimos solos y desbordados. Y si hay algo que nunca fuimos, es irresponsables. Fue ahí cuando empezamos a pensar en hacer una pausa, en tomar un poco de distancia para recobrar fuerza y no permitir que decayera el producto que les damos.

La verdad es que últimamente ya no estábamos destinando la cantidad de horas a la semana que otrora empleáramos para preparar los materiales a irradiarse en esta hora. El momento de cobrar distancia finalmente llegó, y es definitivo.

Hubiéramos querido que el proceso fuera a la inversa. Hubiéramos querido dedicarnos de lleno a esta tarea. Hubiéramos querido –y quisimos- estar más tiempo junto a ustedes. Y no crean que no hicimos lo posible por lograrlo.

Valga esta oportunidad para advertir a los nuevos y futuros comunicadores sociales o periodistas: este trabajo es excelente para servir a la ciudadanía. Quien tenga vocación de servicio y sea capaz de indignarse ante la injusticia, quien ame la verdad y no se trague la pastilla de que los débiles lo son por elección propia, no dude en poner manos a la obra. Usted hace falta.

Comprométase con las buenas causas, pero no se case con la profesión. No espere que ella se convierta un medio de vida, porque puede terminar siendo un medio de muerte. No se conforme con el título –ni el de la universidad, ni el que le da la gente. Ame las artes, la literatura, la filosofía, la ciencia. Sepa que “muchos son los llamados pero pocos los escogidos”.

En todo el mundo, las circunstancias están siendo críticas dentro de los medios de comunicación. Hoy un diario puede hacerse enteramente con material de internet, por lo que poco pueden temer las patronales a un paro. La situación es incierta y llena de paradojas, pues la misma internet que desata la crisis, es nuestra principal aliada en tanto elemento liberador y democratizador de la información. Recomendamos buscar y leer declaraciones y escritos de Ignacio Ramonet, analista que ha llegado a predecir la desaparición de la CNN e incluso de los sindicatos de periodistas.

En lo personal, hoy finaliza una etapa de mi vida que estuvo ligada a La Voz De Melo. Etapa que comenzó un mes antes de cumplir los diecinueve años y finaliza poco antes de cumplir los treinta y tres. En tanto, la vida me ha regalado dos hijas, una con once y otra con siete años. Junto a ellas me apresto a compartir las horas venideras, de festejos y esperanzas. Para todos ustedes, el deseo de lo mejor en el año que está por comenzar.

6 de diciembre de 2011

Cita

"Lo que la dictadura intentó contener y destruir fue a una enorme y heterogénea fuerza crítica que desde mediados de los 60 buscó, por diferentes medios, caminos de democratización social, en el marco de una crisis que tendía a cancelar las expectativas de prosperidad para los sectores populares".

Aldo Marchesi

12 de noviembre de 2011

Educación sexual para no abortar, aborto legal para no morir.

por Lilly Morgan Vilaró*



El título de esta nota es parte de una de las tantas consignas que andan dando vuelta por las redes sociales, tipo Facebook. Todas hacen referencia a la necesidad de legalizar el aborto para evitar cientos de muertes de mujeres a consecuencia de abortos clandestinos mal realizados. A veces ni siquiera hechos por un médico o un/a partero/a. Si no mueren desangradas en el momento, lo hacen por complicaciones surgidas en el procedimiento. La mayoría, por infecciones ocurridas por la falta de condiciones de higiene necesarias para este tipo de intervención. Y por no animarse a ir a un hospital a atenderse por miedo a que las denuncien. Por supuesto que el porcentaje mayor de esas muertes se da entre la población femenina de menos recursos. O sea, las mujeres pobres. No porque las mujeres ricas o de buenos ingresos económicos no se realicen abortos. Claro que lo hacen. Pero pueden pagar los honorarios de un médico, asegurarse un cuarto limpio, instrumentos ídem y una atención post operatoria comme il faut. Que quiere decir: como se debe. Como la tienen las mujeres como uno. Casi se podría decir que la penalización del aborto es una ley clasista. Porque todo el mundo sabe que las mujeres de todas las clases sociales lo han hecho, lo están haciendo, y lo seguirán haciendo con o sin ley que lo permita. También saben que las que corren más riesgos de muerte son las mujeres de escasos recursos económicos. Es decir, lo que estoy diciendo no es ninguna novedad. Por lo tanto, insisto en decir que la penalización del aborto es casi una ley clasista. Pero digo casi, porque la ley penaliza a todas las mujeres en un principio básico: el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. En pleno siglo 21, las mujeres aún no podemos decidir sobre nuestro propio cuerpo. Hasta hace relativamente pocos años, si durante un parto el médico detectaba que corrían peligro las vidas de madre e hijo, y había que decidir sobre a quien salvar, el marido o hasta el propio médico podían decidirlo, sin consultar a la mujer. Y en la mayoría de los casos, se optaba por salvar al hijo por nacer. Postura que avalaban la mayoría de las religiones. Tanto la musulmana como las cristianas. Al igual que hoy día condenan y no permiten los abortos. Y por supuesto, se oponen a la legalización del aborto. Con lo cual se salen de su jurisdicción. Que se lo prohíban a sus feligreses vaya y pase. Si los, y, principalmente, las feligreses lo aceptan y obedecen, es cuestión de ello/as. Pero que traten de imponer sus creencias y reglas a los no creyentes es totalmente improcedente. ¿Y por qué traigo a colación el tema religioso, y particularmente el de la iglesia Católica? Porque es debido a la influencia e injerencia del Vaticano en los asuntos de nuestros países, que el aborto sigue siendo ilegal. Nuestros países, quiere decir Latinoamérica y particularmente Uruguay y Argentina. Que es en donde en estos momentos sus legisladores han empezado a discutir y analizar proyectos de ley que legalicen el aborto. El caso uruguayo es un claro ejemplo de la influencia y presión de la iglesia católica. Un proyecto de ley despenalizando el aborto fue aprobado por la Cámara de Diputados durante la presidencia del frenteamplista Tabaré Vazquez. Tabaré la vetó de inmediato. Por sus creencias religiosas y/o por presiones del Vaticano. Es decir, vetó una ley tomando en cuenta las creencias de una parte de la población y las suyas. Peor aún, aceptó y cumplió con las órdenes dadas por una entidad religiosa que hace años fue separada del estado uruguayo. Más peor aún. Así, mal dicho y peor redactado. El tipo es médico. Sabía muy bien que vetando esa ley le dictaba la sentencia de muerte a cientos de mujeres uruguayas. Que probablemente, venían de estratos sociales pobres. De donde salieron muchos de los votos que lo llevaron a él, representando al Frente Amplio, al poder. El actual presidente uruguayo, Pepe Mujica, ha dicho que de aprobarse una ley que legalice el aborto, él no la vetaría. Bueno, esperemos que cumpla y no se deje presionar por el Vaticano. Y ya que estamos, ni por Sarkozy ni por Cristina. Saltando el charco y habiendo nombrado a la recientemente reelecta al cargo por 54.11% de los votos, doña Cristina Fernández, espero también que ella sepa diferenciar su posición personal a la de su posición como jefa de Estado. Eso es, cuando los legisladores argentinos aprueben un proyecto de ley que despenalice el aborto. Porque no me queda duda que la van a aprobar. Habrá discusiones y peleas fuertes, pero la van a aprobar. Porque los encuestadores dicen que la mayoría de los argentinos está a favor de la despenalización. Cristina ha dicho que no está de acuerdo con la práctica del aborto, pero no ha dejado muy claro si vetará o no, una ley que lo legalice. Acá quiero acotar algo: la mayoría de las mujeres estamos de acuerdo en que no nos gusta el aborto. Lo ideal sería que las mujeres no tuviesen que abortar. Pero lo ideal sería también que las mujeres quedasen embarazadas por decisión propia. No por accidente; o por no poderle decir que no al marido que se niega a usar profiláctico y ellas no están tomando anticonceptivos; no porque el marido o pareja no quiere que usen anticonceptivos porque quieren que queden preñadas. Muchas veces para probar que son machos en un mundo que les ha negado su rol tradicional de “hombre” al darles un salario miserable, al obligarlos a aceptar humillaciones por parte de sus patrones, y a no poder ser los proveedores económicos del sustento de sus familias. Lo único que les queda para demostrar su hombría es tener relaciones sexuales con sus mujeres. Lo único que podrá avalar en su entorno social, que efectivamente, así lo hacen, es el nacimiento de un montón de hijos. No es una deducción o teoría social de mi mente brillante. Lo dijo hace rato otra mente brillante: el sociólogo brasileño Paulo Freire. Me parece oportuno mencionarlo para todos aquellas personas que dicen que las mujeres pobres tienen hijos como conejos porque no les importa nada. Son casi, dicen con desprecio, animalitos reproduciéndose. Bueno, tal vez sería bueno que leyesen un poco a Paulo Freire antes de opinar. Me bajo de la rama y vuelvo a la raíz de este artículo. Legalización del aborto. Legalizar el aborto hasta las 12 semanas de gestación. Nadie habla de abortar a un feto de 7, 8 o 9 meses. Como muestran los afiches de las organizaciones que están en contra de legalizarlo. Un montaje de una foto de una mujer embarazada de casi 7 u 9 meses con un feto completamente formado. Eso no es real. Ni la foto montada ni el espíritu del proyecto que quiere legalizar el aborto. Los detalles y propuestas de la ley los dejo para los especialistas. Yo me limito a repetir lo que dijo otra mente brillante, esta vez argentina: “Con el aborto legal, no habrá ni más ni menos abortos. Habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar.” Final de un párrafo más largo, a favor de despenalizar el aborto, del doctor Reneé Favaloro. Agrego por mi parte, que como mujer, tengo, o debería tener, todo el derecho a decidir sobre mi cuerpo. Como el resto de las mujeres. De cualquier estrato social y económico. Me gustaría que la iglesia católica, el Vaticano, dirigida por hombres, y que sigue tratando a las mujeres como seres de segunda categoría, se abstuviese de opinar y presionar en las leyes terrenales de los no creyentes. Respeto a lo/as católico/as que no estén de acuerdo con el aborto. Jamás se me ocurriría obligarlas a practicarse uno. Exijo el mismo respeto.

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* La autora es periodista, nacida en Argentina, con amplia trayectoria en radio, televisión y gráfica. Trabajó para BBC de Londres y Naciones Unidas, entre otros importantes medios de comunicación. Es autora del libro "¡Ay mama!, tenés cáncer" (Editorial Santillana, 2008). Actualmente vive en Rocha, Uruguay.

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